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Alternativas Al Castigo Como Parte De Nuestras Pautas De Crianza

  • Foto del escritor: TERAPIA OPES
    TERAPIA OPES
  • 5 ago 2020
  • 4 Min. de lectura

Como lo comentábamos en un post anterior, nosotros como padres tenemos una importante tarea en el proceso de socialización de nuestros hijos, en el proceso hacia la interiorización de reglas sociales y normas de comportamiento, con el objetivo de que en un futuro puedan ser adultos que aporten a la sociedad, traten con respeto a los demás y a sí mismos.

En este proceso de crianza recordamos la importancia de la validación emocional, el afecto y la evitación de juicios sobre sus comportamientos, ya que todo comportamiento por inadecuado que sea tiene una función; pero si nos alejamos emocionalmente del comportamiento “perturbador”, y evitamos los juicios, nos será más fácil enseñar otros tipos de comportamientos alternativos, ya sea que tengan la función de comunicar malestar, de obtener atención, o de evitar situaciones desagradables.

Algunas dificultades que tenemos, como padres, a la hora de enseñar comportamientos adecuados o prosociales, es que, en repetidas ocasiones, no los modelamos o enseñamos, o si los hemos enseñado, los dejamos pasar cuando se dan de manera espontánea, ya que casi siempre nos concentramos en el comportamiento inadecuado y en como castigarlo. Recordemos como castigo, el uso de consecuencias que seguidas al comportamiento inadecuado que disminuyen la probabilidad de presentación de este en un futuro, ya sea que demos algo aversivo al menor como una reprimenda verbal en frente de sus amigos, o que retiremos la posibilidad de jugar el fin de semana con su videojuego favorito.


Por muchas razones que por el momento no es el objetivo profundizar, sabemos que el uso de castigos impuestos a los menores no son la mejor estrategia para utilizar en la crianza (con esto no se quiere decir que no se puedan o deban utilizar), ya que aparte de aumentar sentimientos de culpa, autocompasión, venganza, desmerecimientos, también se quita la posibilidad de que el menor se exponga directamente a las consecuencias de su conducta de manera natural. Lo anterior lo podemos ilustrar en la siguiente situación: Si mi hijo no sigue reglas cuando lo llevo al supermercado; coge las cosas sin permiso, incomoda a otras personas y corre por los pasillos, al aplicar un castigo como pegarle o quitarle su juguete favorito, le quito la posibilidad de que se exponga a la consecuencia natural de portarse mal en el supermercado; que sería no ir con él al supermercado el siguiente día u ocasión.

Por lo anterior, el día de hoy queremos compartir con ustedes algunas alternativas al castigo, que aumentarán los sentimientos de autoeficacia de su hijo y disminuirán sentimientos desagradables producto de los castigos impuestos. Aparte de anticipar a su hijo, o controlando el ambiente para que un comportamiento inadecuado no se dé (por ejemplo, cogerle de la mano para que no salga a correr, decirle que van a cruzar el semáforo y no debe soltarle), podemos citar las siguientes alternativas:


1. Señalar una forma de ser útil: Si su hijo acostumbra a molestar a la visita o empieza a decir groserías para llamar su atención, podría decirle cómo podría hacer para atender a esta, como podría ir poniendo los individuales y sirviendo el jugo mientras usted termina de servir la cena. De esta manera, deberíamos alabar esta forma de ser útil, desde que la hayamos anticipado con anterioridad.

2. Señalar desaprobación al comportamiento: Comunicar a los menores nuestro malestar o nuestra emoción específica ante ciertos comportamientos, sin atacar el carácter del niño o etiquetarlos como niños tontos, niños problema, es una forma de hacerle ver que tiene la posibilidad de comportarse de otra manera que pueda resultar agradable para los demás. En este momento, es crucial explicarles lo que esperamos de ellos en la situación específica y como cumplir de manera satisfactoria.

3. Ofrecer una elección: en ocasiones es más fácil que el niño elija entre varias opciones, ante un comportamiento inadecuado, más si presenta desregulación emocional. Por ejemplo, si nuestro hijo está tirando los juguetes y golpeando a su hermano con estos, podríamos indicarle lo siguiente: “juegas con los carros como te he enseñado, o los guardamos en la canasta, escoge una elección”.

4. Emprender alguna acción y experimentar las consecuencias del mal comportamiento: si por ejemplo nuestro hijo acostumbra a dañar las matas del jardín con su balón de fútbol, y un día lo está buscando, debemos decirle que el día de hoy no podrá jugar con su balón y que esperamos que con los implementos de jardinería arregle el daño hecho. Posteriormente a esto sería importante recordar lo que esperamos de él, en una siguiente ocasión.


5. Enfoque en solución de problemas: Ante ciertos comportamientos inadecuados repetitivos que no disminuyen con la ayuda de las estrategias anteriores, es necesario utilizar un enfoque en solución de problemas en el cual:

· Hablemos de nuestros sentimientos y necesidades y de las necesidades del menor.

· Propongamos una ¡súper solución!, una solución genial que podremos encontrar como equipo.

· Realicemos una lluvia de ideas con el menor, aportando entre ambas partes posibles soluciones al problema, pero sin evaluar negativamente estas opciones, solo escribiéndolas y tomándolas en consideración en una lista

· Evaluemos, posteriormente, una por una, y elijamos las que puedan convenir para ambas partes.

· Apliquemos la solución al problema.

En ocasiones es necesario utilizar de nuevo este enfoque, ya que muchas veces el optimismo puede desaparecer cuando no vemos cambios drásticos o la solución completa. Debemos recompensar los pequeños logros de nuestros hijos, y si es necesario volver a evaluar la situación por medio de preguntas como:

· ¿Quién de los dos debe hacer x o y acción para solucionar el problema?

· ¿Qué pasos debemos seguir para solucionar el problema?

· ¿Cómo sabemos que hemos superado el problema?

Hemos llegado al final de nuestro post, espero que podamos empezar a aplicar las estrategias, con la flexibilidad necesaria en caso de que tengamos que reevaluar nuestros planes, utilizando como estrategia en los adolescentes o chicos más grandes el uso de notas escritas, y que evitemos a toda costa el culpabilizar o atacar directamente a nuestros hijos; recordemos que ellos son mucho más de lo que hacen o dejan de hacer.

Tomado del libro: “Como escuchar para que nuestros hijos hablen y como hablar para que nuestros hijos escuchen”.

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